¿El varón también sufre?

Se ha defendido el aborto como un sencillo procedimiento quirúrgico que produce poco o ningún impacto psicológico tanto en la mujer como en el hombre. En realidad, la mayoría de los hombres, lo mismo que las mujeres, niegan cualquier consecuencia emocional negativa del aborto. Sin embargo, cuando los hombres deciden reconocer sus sentimientos, describen con frecuencia la experiencia del aborto como desconcertante y dolorosa. Un estudio arrojó que tres de cada cuatro varones dijeron que pasaron por un momento difícil con la experiencia del aborto y una minoría relató sueños continuos de día y de noche sobre el niño que nunca nació, así como culpabilidad, remordimiento y tristeza considerables.

Lo mismo para los hombres que para las mujeres, la sensación de vacío puede durar toda una vida, puesto que los padres son padres para siempre, incluso del niño muerto. El problema emocional es casi imposible de resolver porque no es perceptible, sólo se trata de un recuerdo. Como al niño no nacido le fue negada la humanidad, le es negada también una sepultura o una señal.

En la decisión del aborto, con demasiada frecuencia el cometido del varón es marginal y pasivo. Puede que sea pasado por alto por su mujer, ignorado en la clínica abortista y desamparado en el acto y las secuelas del propio aborto. La experiencia clínica demuestra que los hombres se vuelven hostiles cuando han sido excluídos de la toma de decisiones y cuando descubren que han sido engañados y manipulados.

En ninguna parte se siente más dolorosamente la experiencia del aborto que en el campo de la expectativa del padre, responsable y protector de sus seres queridos. Los resultados de una encuesta nacional indican que tres de cada cuatro personas que respondieron creen aún que el hombre ideal es aquel que lucha para proteger a su familia. Sin embargo, ¿cómo podrá un hombre proteger a su hijo cuando la ley no le permite involucrarse en una decisión de vida o muerte?

Por otra parte, el renunciar a la responsabilidad encaja bien en el pensamiento abortista. Para los hombres que no se interesan en las mujeres que dejan embarazadas, el aborto es un elegante sistema de abdicación de su responsabilidad.

Sin embargo, una vez que ha tenido lugar el aborto, los varones pueden requerir tanta ayuda emocional como las mujeres. Para cualquiera de los dos sexos, la pérdida de un hijo no es una pérdida como otra cualquiera. La culpa y la pena pueden ser persistentes, y no pueden quitarse a base de fuerza de voluntad. 1

Los efectos psicológicos producidos por el aborto están muy relacionados con los roles tradicionales del hombre. Muchas veces los hombres sacrifican sus propias opiniones y emociones para apoyar a la mujer que aman en el momento en que ella lo necesita. Comúnmente la decisión de abortar es un secreto que no se habla con otros, ni siquiera la pareja habla de él. Esta incapacidad del hombre de poder expresar sus verdaderos sentimientos a la madre de su hijo, a su familia o a sus amigos, puede traer profundos problemas psicológicos.

Al igual que el bebé por nacer, el hombre es también víctima silente del aborto. Una vez realizado el aborto, la intervención terapeútica es vital. Es recomendable sacar a la superficie las emociones negativas y las ansiedades, hablando sobre ellas. El reconocimiento de la culpa y de la ira es un paso necesario en el doloroso proceso que finalmente resultará en el auto perdón. 2

1 FUENTE: Vincent Rue, Ph.D., Forgotten Fathers (Lewiston, Nueva York/Toronto, Canadá: Life Cycle Books, 1986. (Se han hecho correcciones de estilo.)

2 FUENTE: Dr. Alberto Iglesias, "Efectos del aborto en el hombre". Conferencia dictada durante el IX Congreso Mundial Anual sobre el Amor, la Vida y la Familia de Human Life International, celebrado en Miami, Florida, EE.UU., abril de 1990.